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Dos venezolanos llegaron al “fin del mundo” en bicicleta de dos puestos

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El camino se hace al andar, reza cierto adagio, pero los periodistas venezolanos Marcos Díaz y Getsemaní Peinado comprobaron que también se hace al pedalear. Convirtieron toda Suramérica en su ciclovía en una expedición de 21 mil kilómetros de Caracas al extremo sur del continente, a Ushuaia, Argentina, conocida como el fin del mundo.

Pedalear y pedalear hasta cubrir 100 kilómetros diarios era su desafío cotidiano; además, mantenerse fieles a una premisa: jamás quedarse en un pueblo más de dos o tres días para no transformarse en emigrantes o residentes. Esto significó pernotar en un lugar diferente diariamente y nunca establecerse en ninguno, una analogía de “estar literalmente viviendo en la calle”, como ellos mismos lo percibieron.

Luego de cruzar la mitad del mundo, su travesía incluyó los desiertos de la tierra del Machu Pichu; evadir huecos del tamaño de automóviles en Bolivia y apreciar los paisajes australes de Chile. En todo el itinerario, apenas portaban unos cuantos dólares en sus bolsillos.

La providencia de residentes y de Dios no les faltó, sobre todo, en más de 70 ocasiones cuando se quedaron sin un centavo. “Dios ha sido nuestro único patrocinante. A veces terminábamos de comer y quedábamos sin nada, entonces decíamos: ‘Bueno, Dios, este es el momento en que te haces presente’, y sorprendentemente salíamos y veíamos dinero en efectivo en el piso. La gente no nos cree esto”, narró Marcos. 

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A cada kilómetro, un trabajo los esperaba. En Ecuador, por ejemplo, consiguieron empleo durante un mes como mecánicos de bicicletas. Además, vendieron pulseras con motivo de su viaje y desarrollaron actividades culturales y educativas, sin fines de lucro, para destacar las ventajas de la bici, organizaron bailoterapias, conversatorios sobre la xenofobia, recitales de poesías. A través de ellas consiguieron el apoyo material para continuar. “Nunca nos paramos económicamente”, insiste el periodista.

Marcos y Getsemaní indican que durante su cicloexpedición se han topado con decenas de venezolanos emigrando a pie o bus, viviendo en pueblos remotos o con comercios en donde les ofrecieron trabajo; incluso, en una ocasión consiguieron a un paisano en 500 kilómetros de desierto cerca de la frontera argentina.

Para entrar a Argentina descartaron la conocida ruta 40, contigua con la cordillera andina, y optaron por un desvío de 3 mil kilómetros por el trayecto 34-3 Buenos Aires con rumbo a Ushuaia, el sitio que los recibió el 27 octubre, tras 12 cambios de neumáticos y cuatro reemplazos de rines.

El viaje, no obstante, no se detiene allí, en el último puerto de América, sino que apunta a extenderse al viejo continente, a cruzarlo de punta a punta, desde Portugal a Filipinas, o viceversa. Los aventureros aseguran que mientras este proyecto se concreta, aprovecharán para descansar las rodillas, actualizar su portal web, www.cicloexpedicionista.com (una suerte de diario y guía para ciclistas) y publicar varios libros.

Con información de Panorama