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Esta fundación enseña a niños y jóvenes a trazar los espacios de sus comunidades

Herramientas y materiales de construcción, cuidadosamente ordenados, dan la bienvenida en una casa de paredes blancas. Desde ese espacio, Ana Vargas y su equipo trabajan para transformar espacios públicos en distintas comunidades y de la mano de sus habitantes. El objetivo ha sido fomentar educación y ciudadanía durante tres años y medio bajo un solo nombre: la Fundación Trazando Espacios.

Mientras maneja para ir al primer taller del año en Petare Sur, Vargas recuerda cómo inició con esta fundación. Su carrera de Arquitectura en la Universidad Central de Venezuela la llevó a realizar una Maestría en Ciencias en Arquitectura y Urbanismo en el Instituto de Tecnología de Massachusetts, donde presentó como tesis el proyecto.

Posteriormente, trabajó en la India y en 2014 regresó al país para implementar la metodología que allí desarrolló. Su primera oportunidad en Venezuela fue con el apoyo de la Fundación Santa Teresa, en el sector Juan Moreno II del estado Aragua. “Me dijeron: ‘Sí, haz el taller ¿qué necesitas para empezar?”, contó Vargas.

Los talleres que realiza Trazando Espacios son parte de un ciclo de cuatro meses. “Se trata de aprender haciendo”, expresó.

La primera etapa consiste en que los niños observen a su comunidad mediante la toma de fotografías y el mapeo de los sitios que quisieran intervenir.  Al finalizar, realizan una exposición con estas fotografías, donde se reconoce a la que mejor represente la identidad local. La fotografía ganadora también es la del lugar que se transformará. “Lo que nosotros hacemos es enseñarles ciudadanía desde una perspectiva del diseño urbano de las ciudades”, señaló la arquitecta.

Luego de escoger el lugar, el siguiente paso es imaginar. Para ello, no solo los niños dan sus ideas, sino que ellos mismos les realizan encuestas a sus vecinos para saber qué les gustaría cambiar de ese espacio. Al tener todas las propuestas, crean maquetas y se escogen las mejores. Finalmente, la transformación se pone en marcha junto con la ayuda de voluntarios externos y habitantes del sector.

La comunidad como protagonista

Desde sus inicios, Trazando Espacios acudió a los lugares donde les solicitaron ir organizaciones como Mi Convive y la Fundación San José de Paria. Esto les permitió llegar a 21 comunidades, con distintas formas de proyectos, dentro y fuera de Caracas. La Vega, Naiguatá, Paria y Cumaná son algunas de ellas.

“El año pasado nos preguntamos qué pasaría si nos enfocamos en un solo lugar”, contó Ana Vargas, mientras se acercaba al sector La Ceiba del barrio La Unión de Petare. Es la primera vez que realizan un taller en el lugar, dirigido a niños de entre 10 y 15 años de edad. “Ellos son como los embajadores, después se involucran adultos y niños más pequeños”, agregó.

La selección de La Ceiba no fue cuestión de azar. A finales del año pasado, estudiantes de Arquitectura de la Universidad Simón Bolívar, en compañía de líderes comunitarios de Petare Sur, le presentaron a la fundación distintas propuestas de intervención.

“Nuestro impacto es muy local, pero si no es así no logramos el objetivo porque solo en Petare Sur hay más de 150 comunidades diferentes. Cuando ves la inmensidad no sabes ni por dónde empezar”, expresó. Por este motivo, les resulta muy importante el apoyo de la comunidad y de sus líderes, como Rosa y Keidy Moreno, quienes se encontraban en las afueras del Centro Integral La Ceiba, en compañía del grupo de niños que trazarán los espacios del sector.

Moreno expresó que este tipo de actividades les permite a los niños mantenerse ocupados. Con una sonrisa, manifestó que su deseo es que su comunidad sea un modelo a seguir para las demás. “Quiero ver a mi comunidad hermosa”, afirmó.

El espacio en común

Después de una bienvenida, se inició el taller en el barrio La Unión de Petare y los niños comenzaron a responder encuestas sobre los espacios en su comunidad. Mientras ellos se sentaban en silencio, Raquel Portillo, educadora y coordinadora de Proyectos de la fundación, explicó que estas encuestas las realizan para hacer mediciones de impacto. “Los espacios ya están, pero no están adecuados. Nosotros lo que hacemos es darle herramientas para que puedan ver cómo mejorarlos y sacarles el mejor provecho”, dijo.

Sobre la importancia que tiene el espacio público como lugar de encuentro, Ana Vargas aseguró que mejorarlos no solo es una forma de mantener unidos a los ciudadanos, sino de hacer sostenible la ciudad. En 2017, contaron con la participación de 250 voluntarios, lo cual sirvió además como una oportunidad de enseñarles cómo es la vida en las zonas informales. “Es una vida donde el sentido de comunidad y el sentido de pertenencia son sumamente fuertes”, expresó.

Por otra parte, Vargas también contó que su experiencia en estos lugares no ha dejado de sorprenderla por las personas trabajadoras que ha conocido. “Reconciliarse con Venezuela también forma parte de conocer a la ciudad que no hemos visto”, dijo antes de regresar con los niños.

Al terminar de responder los cuestionarios, unas franelas verdes y kits de materiales en bolsos de tela esperaban a los niños para continuar con la actividad.

Se acercó el mediodía y era hora de finalizar el taller. En cada bolso, los niños pintaron una letra con espray. Se unieron para una foto y claramente se leía: “Identidad”. Más que una palabra formada, significaba la esencia del taller que les da la oportunidad de revivir y apoderarse de sus más preciados espacios.

El Nacional