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Un emprendimiento venezolano propone soluciones a pacientes que requieren prótesis

Desde que era un estudiante, Rafael Torrealba siempre supo que quería desarrollar un dispositivo que mejorara la calidad de vida de las personas. Nunca supo exactamente qué quería crear hasta que en una de sus clases en la Universidad Simón Bolívar (USB) llevaron a un invitado que había nacido sin piernas y que utilizaba prótesis de alta gama. A partir de ese momento, la idea le vino a la mente de forma casi inmediata. “Esto lo podemos hacer aquí en Venezuela“, se dijo.

Rafael es profesor de las cátedras de Diseño de Máquinas y Biomecánica de la USB, pero se convirtió en emprendedor cuando creó Biomekatrónica en 2015, el proyecto con el que no solo quiere hacer “productos que rehabiliten vidas”, sino también que sean asequibles para gran parte de la población.

“He observado una ingente necesidad de prótesis y en Biomekatrónica hemos recorrido el camino desde lo high tech a lo low tech tratando de hacer productos que sean asequibles para nosotros, para países en vías de desarrollo o con bajos ingresos”, explicó Torrealba a Efecto Cocuyo vía telefónica desde España, en donde se encuentra temporalmente para presentar el emprendimiento venezolano ante el mercado europeo.

Una prótesis de rodilla para un paciente puede costar desde 20 mil dólares hasta 100 mil dólares, dependiendo de cuán sofisticado sea el dispositivo. En Biomekatrónica este mismo producto cuesta 10 veces menos.

Mientras las grandes tecnológicas compiten por hacer el aparato más innovador, el emprendimiento venezolano apuesta por una alternativa a la que sea más fácil acceder en un mercado mundial en el que se estima que hay unas 18 millones de personas que requieren prótesis a nivel de fémur únicamente.

“Los otros apuntan hacia lo más sofisticado, a prótesis como las que hicimos en mi tesis doctoral (realizada cuando era estudiante de biomecánica en la USB). Nosotros tenemos también la capacidad de hacer estos dispositivos high tech, pero hay una brecha que se va abriendo cada vez más ante las prótesis tan costosas”, explicó Torrealba. “Queremos que las personas que no tienen muchos recursos puedan acceder a estos dispositivos, que los puedan pagar con sus propios ingresos o con ayuda de un seguro”.

Esta idea es la que Torrealba ha adoptado como filosofía  y como proyecto de vida. “Todos los días hay pacientes que sufren amputaciones y nosotros queremos estar ahí para ellos”, subrayó.

Con sello y staff venezolano

Parte del equipo de Biomekatrónica está conformado por los mismos alumnos de Torrealba de la Universidad Simón Bolívar, jóvenes de quienes ha sido mentor en sus tesis de grado y en los que ve un gran talento para continuar desarrollando soluciones para los pacientes.

“Nosotros fundamos Biomekatrónica en 2008, pero no fue sino en 2015 que la pusimos en marcha. Ahí fue cuando le pregunté a un estudiante llamado Samuel, que era un tesista de pregrado, si quería unirse al proyecto”, contó.

Actualmente el equipo de Biomekatrónica está conformado por cinco personas trabajando “de lleno” en el proyecto y apostando por expandirse al resto de la región y al continente europeo.

En 2017, Biomekatrónica ganó el cuarto lugar en una competencia en la que se midieron varios emprendimientos con sello venezolano. Tras esta experiencia, Torrealba confía que su proyecto es capaz de competir fuera de las fronteras y del continente. Especialmente por el talento con el que cuenta y que ha captado desde las aulas de una de las mejores universidades del país.

“En Venezuela tenemos muchísima gente buena. Y con solo decirte buena me quedo corto. De aquí salen tesis con muchísimo nivel”, afirmó el profesor de la USB.

Efecto Cocuyo